domingo, 3 de mayo de 2009
Sin título
Mantienes silencio
y en él la respuesta bucea
salpicando con su huída mis motivos.
Alguien en la calle sacude el timbre
para que acuda a abrirle.
Sin ganas de caminar de nuevo hacia la puerta
miro el sofá, vacío de tí,
y el espejo donde sólo quedo yo
temeroso a seguir enmarcado en él
quedando atrapado allá en tu lado.
No recuerdo qué fuí antes de tí,
tal vez lo mismo que después de nosotros,
doce uvas masticadas por el hambre
que me enseñas a creer fueron el todo.
A la luz de la espera
mi sombra tiembla convulsionadamente.
lunes, 27 de abril de 2009
El faro

La rosa sobre el verbo vetado
o la nota una octava más grave
que la idea que la compuso.
Todo al otro lado del cuadro
donde las olas no rompen,
donde el viento no sopla y apenas
la luz del faro logra teñir
de amarillo pastel la noche.
El gusto a sal en los dedos
cansino ya en exceso
y aquella niña gritando
cuya voz jamás logré escuchar,
a solas, plantada en las rocas
como un árbol sin primavera.
No puedo recordarlo,
juro que no puedo hallarte
más allá de lo que deseo encontrarte
aún sabiendo dónde te encuentras,
tras la puerta cerrada,
tras esas olas que jamás llegan a puerto
como el verbo sobre la rosa.
lunes, 16 de marzo de 2009
Ocurre

Ocurre a veces que olvido
el frío en invierno
y el naranja en otoño
o ese tercer acorde de blues
que debiera cerrarme.
Ocurre a veces que pierdo
el camino zanjado,
la semilla caída
de esa voz susurrada
cerca de la escucha impaciente.
Ocurre a veces que descuido
la ropa tendida por tí
y su olor teñido de limpio,
la caricia vedada,
el escueto beso.
Ocurre a veces que desprecio
la capa
y entonces el viento
secuestra mi escondite
dejándome descubierto
y vulnerable al cansancio,
rendido a la sed del ahogo.
Ocurre a veces que repito
tu voz por teléfono,
también aquella carta
escrita y guardada
sin opción alguna a batalla.
Y ocurre,
ocurre a veces
que olvido recordar todas estas cosas.
lunes, 2 de marzo de 2009
(Sin título)
El tiempo justo que gastar,
momento exacto en que la vela
ahoga la luz en su olor líquido,
cuando el crujir de la persiana
aúlla
y la noche es desterrada hacia la calle.
Vendo mi sombra a buen precio,
lo suficiente para poder pagar el ver la tuya
ese instante antes en que el párpado
cierra sus pétalos y se contrae
en sueños malformados por las ansias.
Alquilo el poder ser
y con él de regalo mis manos
ya tan cargadas de palabras,
ya tan pesadas
como hundidas en esas hojas de libreta
que había de ser para mí y que quedó en todo
menos yo.
Escorado hacia la izquierda
busco un apoyo a mi cansancio
y es tal el golpe
que la carga de remordimientos cae
dejándome insufriblemente sólo.
sábado, 17 de enero de 2009
Llegaré porque quisimos
Llegaré porque quisimos
atrapado en tu respiración.
impaciente, inconcluso,
mansamente desarmado ante tu ataque.
Llegaré porque la espera
esculpida en luz sobre mi sombra
sin más ayuda que tus dedos
se deshace con los primeros rayos de ansia
desterrados en gemidos.
Preso en la pregunta respondida
que calzada en tus labios
debe silenciar los mios.
Atado sin nudo, vestido en tu desnudez,
recorriendo el vaivén de mi regreso
antes de salir a encontrarme.
martes, 30 de diciembre de 2008
343
He passat per casa teva
per si em trobava,
des que vaig caure de la teva butxaca
aquell dia a les roques
que no se on soc.
Com de costum no hi era,
el teu alè encara és massa fort
per ni tan sols aconseguir endevinar
quin batec em pertany.
Assegut a sobre la perla,
esperant una onada que em portés
vora els teus peus,
descobrir la escalfor d´esborrades petjades
marcant-me el camí.
Amb cada cara una sospita
i amb cada cara una altre decepció,
el carrer s´omplí de decepcions
aquesta vesprada.
Encomanat de tu,
tractant de sortir
d´allà on em van treure.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Aleg(o)ría
Devoré a mordiscos las nubes, aniquilando todo posible camino. ¿Qué hacer? ¿A dónde ir?
Hubo un tiempo en que era, ahora ya ni soy. ¿Odiar? Innecesario ¿Perdonar? Para qué cuando la suma sigue resultando cero.
El duendecillo verde llegó cuando las malas hierbas habían sido cortadas, arrancó de cuajo una de las flores más hermosas del jardín y subió a lo alto del campanario, dejándola caer. Y en su descenso aquella bomba prendió fuego a todo cuanto allí había plantado. El desierto no es arena y sol y sed y sudor... El desierto es una lengua enorme y sucia que lame la palma de tu mano, borrando cualquier huella de tactos pasados.
Hoy la lluvia dibujó en el lodo limpieza, pequeños espejos que seguirán igual que hace un momento cuando los dejé. Pareciera que el tiempo no quisiera pisarlos y convertirlos en mar. No había nubes en ninguna de sus caras, me las comí todas.
El camino desaparece lentamente ante la frase de los martes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)