No estás, no me molesta, molesta el no olerte, ni siquiera importa lo que pudo ser, la lágrima cae porque fuiste.
No supe retener tu risa entre mis dedos cada una de las veces en que aprendí a robártela, colgar mi tristeza en la noche de tu puerta y recogerla cada vez que tocaba regresar la respiración.
Si amé no es la tristeza, es la ira que rebosa.
Pero ya no, no me importa el que no estés, sí el no poder tocarte y seguir siendo.