Una espina atada al labio, el colador que olvidó cómo retener las piedras o las uñas que me clavas en la espalda cada vez que consigo mirarte a los ojos.
Recién escuché tu voz por el teléfono y sigo sin saber qué hago aquí tan lejos de todos lados esperando... ...esperando. Debía haber girado a la izquierda en el mapa cuando alguien borró sus esquinas justo a tiempo -hoy en la bañera risas me lo recordaron-.
Dame un beso y que la sangre dibuje noches en nuestra alfombra.