Dormir cosiendo mi cuerpo a tu cuerpo,
anclarme al calor que desprendes
mientras fuera el frío hace nido.
Dentro, bajo las sábanas
débilmente disfrazadas de refugio,
el tiempo nos cedió silencio
en donde juego a escuchar,
con la inquieta punta de mis dedos,
el dibujo de tu cadera.
Desvelado, como niño engañado
que anhela encontrar deseos
bajo el árbol,
trato de cazar en tu respiración
el aliento derramado de tus labios
y poder beberlos de su copa.
Desvaneciéndose tu olor
lentamente entre mi abrazo
al saber que, escondida tras las horas,
la mañana ha de acabar por encontrarnos
en esta noche en que fingimos ser
y esconderá, tras su cortina,
por siempre el sueño.
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